Ensayos


El ensayo nació como una forma rara y hospitalaria de pensar en voz alta. Montaigne lo inventa casi como quien abre un cuaderno: probar, tantear, dejar que el pensamiento se mueva mientras escribe. No es tratado ni lección; es una exploración con ruido, con desvíos, con esa mezcla de experiencia y lectura que no se deja ordenar del todo.

Con el tiempo el género fue encontrando otros tonos, pero mantuvo su núcleo: ser una práctica de libertad. De Bacon a la tradición moderna, el ensayo se volvió también herramienta crítica, modo de intervenir el presente sin necesidad de levantar sistemas cerrados. En el siglo XX, con Adorno y tantos otros, queda claro que el ensayo es una manera de pensar contra la inercia: trabaja con fragmentos, cruces, intuiciones y conceptos que se rozan para producir algo nuevo.

Conversaciones


Las Conversaciones reúnen una escena de pensamiento en vivo: una mesa, una pregunta común y el riesgo de hablar sin red, dejando que la idea se modifique mientras circula. Ahí el pensamiento no busca sellar conclusiones, sino ganar precisión en el roce: cuando una palabra de la clínica encuentra un problema del arte, cuando una hipótesis filosófica se vuelve legible a la luz de una experiencia política, cuando la literatura introduce un desvío que reorganiza el mapa. La apuesta es sostener un espacio público donde el conocimiento no se guarda por disciplinas, sino que se prueba en el encuentro.

En esta página se publicarán los registros de esas conversaciones públicas: diálogos que hacen del cruce una forma de lectura del presente. Kraken insiste en ese gesto: abrir un lugar hospitalario para voces distintas, sin apurarlas a coincidir, y dejar que la fricción produzca un tercer tono —una claridad nueva, una pregunta mejor formulada, un borde que antes no se veía—. Cada conversación quedará disponible como archivo vivo: para volver, escuchar, discutir, y seguir armando comunidad alrededor de los problemas que nos tocan.