LOS MONSTRUOS QUE NOS HABITAN
Por Verónica Wainszelbaum *
Homo hominis lupus, ¿quién en vista de las experiencias de la vida y de la historia, osaría poner en entredicho tal apotegma? S. Freud 1932
En la película Los monstruos, el director Dino Risi filma distintas historias sobre lo peor de la condición humana. Me voy a detener en un breve episodio sobre un ciego, Miguel es una persona joven que canta y toca la guitarra con un cartel identificatorio que dice que es “ciego” mientras pide limosna, parado sobre una escalinata. Trabaja para un hombre que presenta una dificultad para caminar, personaje un tanto extraño que pide a los caminantes que dejen dinero.
En un momento dado, un transeunte se detiene y observa detenidamente al ciego mientras lo examina. Es un médico cirujano oftalmólogo que tiene una clínica; le dice al acompañante que: el problema que tiene el ciego es cataratas, que tiene resolución ya que es operable y que él se lo puede resolver de manera gratuita con sólo asistir a su clínica y luego se va.
La escena siguiente es el “amigo” diciéndole al ciego, que el señor con el que conversó era policía, y que le había dicho que se fueran porque podía ir preso. Luego lo toma del brazo y se van rápidamente.
Se puede ver claramente los distintas situaciones: el acompañante impide que el ciego se cure, engañándolo para seguir lucrando con la enfermedad, y una serie de creencias ya que el ciego le cree; y el médico cree que su mensaje llegará al destinatario y sigue su destino sin inquietarse.
Freud es contundente cuando afirma de manera repetida en su obra que la sociedad culta está en permanente amenaza de disolución por la hostilidad que es primaria y recíproca entre los seres humanos y que “las pasiones que vienen de lo pulsional son más fuertes que unos intereses racionales”1
También se pregunta si en una sociedad organizada con intereses colectivos se podría evitar las diferentes situaciones de maltrato, a lo que afirma que: “ese deseable estado no existe ni ha existido nunca”2
¿Qué nos queda entonces? Tal vez cierta regulación que al decir de Lacan, no nos deje librados a las pasiones oscuras, humanas demasiado humanas que en su expresión máxima desatadas nos aniquilaría como cultura.

* Verónica Wainszelbaum
Dra en Psicología UBA. Mg en Clínica Psicoanalitica UNSAM. Prof. Adjunta en Freud 1 UBA. Trabajó en el Hospital J.T.Borda. Es autora del libro: De cicatrices e intenciones. El duelo y el trabajo de análisis. JCE ediciones.
