Nuestras debilidades…por la IA
Por Omar Asan
Publicado el 14 de octubre de 2026
“Por obra y gracia de la inteligencia artificial emerge una vida imperceptible y literalmente puesta bajo tutela. La IA nos indica con su índice… el camino correcto que tenemos que tomar.”
(Sadin, 2020, p.111)
Nuestras relaciones con la técnica y los objetos producidos, desde los albores de la humanidad, fueron delimitando coordenadas y moldeando la sensibilidad en las diferentes épocas. Desde el desarrollo de herramientas u objetos como la rueda, que permitió y habilitó medios de transporte, al igual que las máquinas a vapor y la electricidad, entre tantos productos de la técnica, transformaron los modos percibir, registrar e interactuar con ellos y con el entorno. En esta amalgama de seres humanos, técnica y objetos, planteamos los modos en que nuestras formas de vida se despliegan y se condensan con aquello que la tecnología habilita, posibilita, pero también restringe.
Hoy, con el emplazamiento de lo social en los entornos digitales, con la super producción de información y de datos, y la saturación de contenidos creados por IA, nuestros entornos y nuestras realidades se encuentran localizados en el ciberespacio. Nuestra atención y nuestras disposiciones (anhelos, deseos, fantasías, ansiedades, etc.) se encuentran geolocalizadas por los sistemas y sus smart agents, de los que esperamos se encarguen de nuestro cuidado y bienestar; incluso a los que “pretendemos gratificar con la genialidad de descifrar nuestra alma…” (Sadin, 2020)1 Lo imperceptible de la vida que emerge por obra y gracia de la IA, puede ponerse en cuestión dada la palpable y manifiesta vinculación que vamos creando con los aparatos que nos rodean y a los que dotamos de cualidades extraordinarias. Resuena, del epígrafe elegido, que lo imperceptible tal vez sea más bien la vía o las vías, por donde la IA se va introduciendo en los rincones más íntimos de nuestras subjetividades. Ya que, mediante sus sensores, estos sistemas informáticos penetran y modulan formas de intimidad que impregnan los distintos lugares y esferas vividas por las personas. Es decir, nos vemos cada vez más involucrados con la IA y los dispositivos que la utilizan. Al punto que, tal vez, pareciera ser que el cuerpo, pasa a concebirse como el último territorio técnico aún por conquistar. Dejando de asumirse como límite, comienza a tomarse como “dispositivo natural”, como un proyecto optimizable. Fitness, viene de to fit, que quiere decir encajar.
Más que buscar entender o comprender los mecanismos de la IA, debemos apuntar a ubicar coordenadas de lo que ya se plantea como una relación indisociable entre las tecnologías que usan IA y los seres humanos. Con toda la sintomatología propia de los vínculos humanos, no se plantean como meras interacciones. Los efectos registrados como más problemáticos, las dependencias tóxicas o adicciones a las tecnologías, incluso enamoramientos, hasta los desenlaces fatales vinculados con el ChatGPT, por ejemplo, anuncian el camino tendiente a suprimir los obstáculos que pueden interferir en esa relación y eliminar las distancias que separan a los usuarios de los dispositivos, procurando una vinculación inmediata, en una forma casi natural.
Las experiencias subjetivas (dolor, alegría, tristeza, aburrimiento, etc.) son experiencias a las que procuramos controlar, incluso erradicar, y el problema no es la técnica, sino convertir aquellas experiencias en valores administrables. Ya no se toleran las incertidumbres, no importa comprender la fragilidad humana, sino que ésta aparece como algo que puede y debe ser intervenida, amortiguada, corregida y maximizar indefinidamente sus correcciones. Y, como dijimos, la técnica no solo organiza la producción de objetos y los consumos de estos, sino que organiza nuestra sensibilidad. Más que distribuir información o contenido, administra la atención, y como lo hacen las religiones otorgando sentido y orientación existencial, los sistemas tecnológicos regulan nuestra afectividad, ofrecen estimulación permanente y una amortiguación emocional personalizada. Así, emerge perceptiblemente esta vida que, podemos afirmar con cierta seguridad, está siendo puesta bajo la tutela de la IA.
- Sadin, E. (2020). La inteligencia artificial o el desafío del siglo. Anatomía de un antihumanismo radical. ↩︎

Omar Asan es Practicante de psicoanálisis. Docente en la Facultad de Psicología UNT. Profesional del Sistema Provincial de Salud
